Bosch denuncia ultrajes de gobierno de Duvalier

  • 16 noviembre 2013

Dominicanos:

Es muy penoso que un día como el de hoy, dedicado al descanso y a la lectura y a las fiestas, tengamos que hablar sobre acontecimientos nada agradables; sobre hechos que nos entristecen sobre todo porque no los hemos provocado nosotros, ni el Gobierno ni el pueblo dominicano, y sin embargo nosotros los dominicanos, Gobierno y pueblo, tenemos que sufrirlos y tal vez tengamos que buscarles soluciones que no sean de nuestro agrado.

Por lo menos, en lo que se refiere al Gobierno, no es de nuestro agrado usar el lenguaje duro. Pero es el caso que somos una nación, un país que respeta a los demás países y pide a los demás respeto para él. El país que no se hace respetar no tiene derecho a llamarse una nación libre; y la República Dominicana es una nación libre, por la voluntad de sus fundadores y por la sangre de los que la mantuvieron libre y soberana, y lo es por la voluntad de su pueblo y por la decisión del Gobierno democrático que ese pueblo eligió el 20 de diciembre de 1962.

Este Gobierno no ha cometido el menor acto de agresión, ni siquiera verbal, contra ningún otro Gobierno de América, a pesar de que en América hay varios gobiernos que no son democráticos.

Sin embargo la dignidad dominicana ha sido ultrajada en Haití de manera indignante. Y no estamos dispuestos a tolerar esa situación, y no la toleraremos por ningún motivo.

El pueblo dominicano sabe ya que la Embajada y la Cancillería de nuestro país han sido violadas por la Policía haitiana; y para que se sepa bien cuál es la manera de pensar y de actuar del Gobierno dominicano, informamos ahora a todos los que nos oyen que tan pronto supimos que se había cometido en Puerto Príncipe, capital de Haití, ese ataque salvaje e imperdonable a nuestra soberanía, dimos las órdenes para que la Policía dominicana protegiera la Embajada de Haití aquí, en Santo Domingo; pues pensamos que si la noticia del atropello que se nos había hecho en Puerto Príncipe salía a la calle, nuestras juventudes podían indignarse y en medio de la indignación podían atacar a la Embajada haitiana en esta capital. Y nosotros no queríamos que eso sucediera. El pueblo haitiano, tan trabajador, tan luchador, tan sufrido, no puede ser confundido con los tiranos que lo explotan y asesinan; y la Embajada haitiana representa al pueblo de Haití, no a su Gobierno. Por eso pedimos protección para la Embajada, así como esa noche pedimos buen trato para todos los haitianos que están en nuestro país, sobre todo para los que han venido a nuestra tierra en busca de trabajo para calmar el hambre a que los someten sus explotadores y para los que han venido en busca de la libertad que allá no tienen. Que ningún dominicano deshonre la bandera de la cruz atacando o maltratando a un haitiano de los que están aquí bajo la protección de nuestras leyes.

Es necesario que el pueblo dominicano y los demás pueblos de América sepan que nosotros hemos estado sufriendo con paciencia cristiana toda suerte de ataques del actual Gobierno de Haití. Ciudadanos dominicanos como Eduardo A. Dickson Serrano, Ignacio Victoria, Pedro Ibis Jáquez y Andrea Cabral han sido encarcelados y maltratados salvajemente en el año 1962 en las cárceles de Haití, y algunos, como Mananco Rodríguez y Luis Decenio Reyes han desaparecido sin que nadie pueda informar qué ha sido de ellos. La frontera ha estado cerrada desde hace tiempo, a tal extremo que se les niega el cruce por ella a dominicanos que residen en Haití y desean venir a su patria; y esto quiere decir, de hecho, que los dominicanos que viven en Haití son prisioneros del Gobierno haitiano.

Las agresiones a los ciudadanos dominicanos pasaron a ser agresiones a la nación dominicana cuando el Gobierno de Haití pidió, de manera ofensiva e inexplicable, el cierre de los consulados dominicanos en Cabo Haitiano y Juana Méndez, cosa que no se hace entre países sino cuando el que pide el cierre quiere insultar al otro o cuando se desea provocar una ruptura de relaciones. Eso ocurrió el año pasado, y en este año, el 20 de enero, apareció asesinado el cónsul dominicano en Los Cayos, sin que hasta este momento el Gobierno de Haití haya podido explicar el salvaje crimen de nuestro representante. También sin explicaciones y con el deseo evidente de ofender, el Gobierno de Haití ha estado rechazando a funcionarios diplomáticos dominicanos o declarando a otros non-gratos, como ha sucedido con el señor Marco A. Cabral y los doctores Ciro Amaury Dargam Cruz y Antonio Jiménez Dájer; y a la vez que esto ha estado sucediendo, el Gobierno haitiano ha estado negándose a dar salvoconductos a los haitianos asilados en nuestra Embajada en Puerto Príncipe. Desde junio de 1962, cuando comenzaron a asilarse haitianos perseguidos por su Gobierno, sólo seis han obtenido salvoconductos de 28 que se han asilado.

En el mes de enero de este año, cuando el que les habla era sólo presidente electo, el Gobierno haitiano fraguó un complot para matarme y designó a un antiguo miembro del SIM dominicano, el señor Michel Brady, haitiano, para cometer el crimen. En el pasado mes de marzo, el Gobierno de Haití designó a ese señor Brady Encargado de Negocios haitiano aquí en Santo Domingo; pero rechazamos la designación haciéndole saber al Gobierno de Haití, con el lenguaje que se usa en la diplomacia, que nosotros sabíamos a qué venía ese señor. El 29 de marzo, por dos ocasiones diferentes en ese día, el vehículo oficial del Consulado dominicano en Veladero fue registrado por militares destacados en esa población haitiana, a pesar de las protestas de nuestro cónsul, señor Federico Paredes Cotes, que viajaba en dicho vehículo.

En el momento en que llegaba esta noche aquí al Palacio Presidencial, se me informaba que esta tarde, el mismo señor Paredes Cotes, nuestro cónsul, había sido prácticamente conducido prisionero hasta la frontera por un sargento haitiano, porque no lo dejaron llegar solo a traer misiones de su país.

Sin embargo ha sido en este mes de abril cuando las agresiones, los insultos, la falta de respeto a nuestra soberanía han llegado al colmo, a un grado que nuestra dignidad nacional no puede seguir tolerando.

El 19 de abril supimos que Luis Trujillo Reynoso y José Rafael Trujillo Lora, viajando con pasaportes especiales españoles, se dirigían hacia Haití junto con otras personas, el primero bajo el nombre de Luis Reynoso Mateo y con pasaporte No. 15479 y el segundo con pasaporte N. 592173. El viaje de esos señores está conectado con la campaña de radio y prensa que se hace en Miami acusando al Gobierno dominicano de comunista, y con las actividades en Panamá de Negro Trujillo, Johnny Abbes García, un cubano llamado Gustavo Marín, todo bajo la inspiración de Radhamés y Ramfis Trujillo y un señor llamado Pedro Estrada, que en los días de la tiranía de Pérez Jiménez fue el Johnny Abbes de Venezuela. Es decir, los Trujillo y los esbirros de la antigua tiranía venezolana están reuniéndose en Haití bajo la protección del Gobierno de ese país para atacar al Gobierno democrático de la República Dominicana. Los primeros enviados del grupo volaron el día 26 de este mes de Madrid a Lisboa, de Lisboa a Curazao, y ayer pasaron hacia Aruba y Kingston en el vuelo No 975 de KLM, y hoy de Kingston a Puerto Príncipe, la capital de Haití, a donde llegaron esta tarde, en el vuelo No 431A de la Panamerican Airways.

El día 25 de este mes, es decir, el miércoles de esta semana, el teniente del Ejército haitiano Francois Benoit buscó asilo en la Embajada dominicana, en horas de la noche. En la mañana el jueves, día 26, hubo un atentado contra el presidente Duvalier y su automóvil fue tiroteado. Fuerzas de los llamados “totom-macoutes”, que mantienen en Haití el terror más espantoso, ametrallaron e incendiaron ese mismo día jueves 26, en la mañana, la casa del teniente Benoit; en el ametrallamiento resultaron asesinados a tiros la madre del teniente Benoit, dos niños y algunos sirvientes de la casa. Al mismo tiempo que se producía ese crimen salvaje e incalificable, dos guardias haitianos con placas de policías números 491 y 533, armados de fusiles, se introdujeron en el local de la Cancillería, de la Embajada y el Consulado General de nuestro país en Puerto Príncipe, registraron la planta baja, subieron a la alta, amenazaron a la secretaria, señorita Katia Mena, que estaba sola porque los dos únicos funcionarios diplomáticos que teníamos en Haití en ese momento no se hallaban en el local, y empezaron a interrogarla bajo la amenaza de sus fusiles. Contar este episodio causa indignación. Solamente un gobierno salvaje, de criminales, es capaz de violar una Embajada extranjera y de amenazar con fusiles a una dama que además es funcionaria de esa Embajada. Esa acción es una bofetada en la cara de la República Dominicana, una afrenta que nosotros no estamos dispuestos a pasar por alto.

Desde el jueves, guardias armados rodean la Embajada dominicana en Puerto Príncipe, lugar donde hay 22 asilados, entre ellos mujeres y niños que están viviendo horas de terror indescriptible, porque cada minuto del día y de la noche están esperando el asalto que les costará la vida. Esto también es imperdonable, y nosotros no estamos dispuestos a perdonarlo. Los soldados que hacen esa ronda del terror y de la muerte penetran a cada momento en los jardines de la Embajada, lo cual aumenta a grados de locura el miedo de los asilados.

Anteayer viernes, día 27, nuestro vicecónsul en Puerto Príncipe y auxiliar de la Embajada fue llamado por la Cancillería dominicana para que informara en detalle acerca de las graves noticias que estábamos recibiendo, y al llegar a la frontera, en la población de Malpasse, las fuerzas haitianas le negaron la autorización para venir, de manera que ese funcionario tuvo que regresar a Puerto Príncipe. Eso quiere decir que lo mismo que había sucedido antes con algunos ciudadanos dominicanos, los propios funcionarios diplomáticos de nuestro país son prisioneros del Gobierno de Haití.

En vista de todas estas agresiones, el canciller de la República Dominicana, señor Andrés A. Freites, hablando a nombre del Gobierno que presido, despachó anoche a última hora un cable al ministro de Relaciones Exteriores de Haití cuyos tres últimos párrafos dicen así:

“Puedo asegurar a Vuestra Excelencia que si mi Gobierno no se siente descargado, como es obvio, de toda responsabilidad en la crisis interna que actualmente aflige a vuestro país, no puede, sin embargo, tolerar ni siquiera durante un día más que el Gobierno de Haití siga aprovechando esas lamentables circunstancias para inferir a la dignidad y soberanía del pueblo dominicano los vejámenes a que ha dado origen la conducta del Gobierno haitiano. En consecuencia, mi Gobierno exige de Vuestra Excelencia el retiro inmediato de las fuerzas policiales que están violando la sede de la misión diplomática dominicana en Puerto Príncipe y además lo hace responsable de la seguridad personal de los miembros de dicha Misión Diplomática así como también de la seguridad personal de quienes se han acogido al asilo diplomático en dicha Misión.

´Debo advertir a Vuestra Excelencia que si no se pone fin de inmediato a la ultrajante conducta que ha venido observando el Gobierno haitiano, y si no se ofrecen las reparaciones y seguridades que demandan las ofensas y los riesgos a que ha estado sujeta la representación de la República Dominicana en Haití, mi Gobierno adoptará con toda decisión, y a cualquier precio, las medidas necesarias para hacer respetar la dignidad y la soberanía de la nación dominicana.

´En atención a la gravedad de los hechos y circunstancias denunciados en la presente comunicación, mi Gobierno espera que en un plazo irrevocable de 24 horas después de despachado este mensaje, el Gobierno de Vuestra Excelencia procederá a dar pruebas inequívocas de una rectificación radical de su conducta hacia la República Dominicana”.

Al mismo tiempo, como somos miembros de la Organización de Estados Americanos, se envió copia de esa nota al Consejo de la OEA y hoy, a las 4 de la tarde, se reunía el Consejo citado para estudiar la situación.

Con estudio o sin él, la situación es grave; y queremos advertirlo así al pueblo dominicano, a América y al mundo. Hemos sido insultados sin haber provocado nosotros el insulto; se ha invadido nuestra Embajada con fuerzas armadas, lo cual equivale a una invasión a nuestro país y es una ofensa imperdonable a nuestra dignidad; se conspira en Haití contra nuestro Gobierno democrático en alianza con los Trujillo. En pocas palabras, se nos ha faltado al respeto, y las naciones pequeñas que permiten eso no son dignas de ser naciones, porque lo único que puede mantenernos como país soberanos es la decisión de hacernos respetar de los pequeños y de los grandes, de los que pretendan abusar de su debilidad y de los que pretendan abusar de su fuerza.

Hemos sufrido con gran paciencia los ultrajes del Gobierno haitiano. Pero esos ultrajes tienen que terminar ya. Si no terminan en un plazo de 24 horas, les pondremos punto final con los medios que se hallen a nuestro alcance.