Ejército y Estado

  • 24 abril 1980

La falta de una burguesía llevó al fracaso a la revolución burguesa dominicana de 1844, a la de 1857, a la de 1863, a la que se produjo a la muerte de Ulises Heureaux. El último episodio de esa revolución iba a darse en abril de 1965, y sería aplastado por el poderío norteamericano. Pero debemos tener presente que los Estados Unidos pudieron actuar en esa ocasión como lo hicieron porque en 1965 la burguesía dominicana no había cuajado aún en el orden político, si bien ya estaba en el camino de hacerlo, y en consecuencia el Estado burgués no se había desarrollado al extremo de que pudiera resistir la embestida yanqui.

Al abandonar el país en julio de 1924, las tropas norteamericanas dejaron echadas las principales bases materiales para la existencia real, no fantasmal, de un Estado burgués dominicano. Fundamentalmente, esas bases eran un sistema de comunicaciones extendido por las regiones más importantes, un ejército de tierra formado por oficiales profesionalizados y clases y soldados contratados para servir durante un tiempo dado por un salario establecido, un sistema impositivo que garantizaba la recaudación de los fondos necesarios para mantener el funcionamiento del Estado en su doble aspecto civil y militar.

Pero esas bases materiales de un Estado burgués tenían que ser usadas por una burguesía que todavía no se había formado. Los ingenios azucareros eran en su mayoría propiedad de extranjero los contados que no lo eran se manejaban como si lo fueran porque formaban parte de un conglomerado que funcionaba para provecho de capitalistas no dominicanos, pues si bien la economía nacional recibía de ellos algún beneficio en forma de ingresos para los dueños de colonias de caña y de jornales para los contados dominicanos que trabajaban en otras tareas (carreteros, agentes de orden, empleados de oficinas y bodegas) y en cierta actividad comercial en La Romana, San Pedro de Macorís y Barahona, el grueso de los pagos en salarios y sueldos iba a manos de extranjeros (haitianos, cocolos, norteamericanos y puertorriqueños) que trataban de vivir haciendo las mayores economías posibles para llevárselas a sus países cuando volvieran a ellos una vez acabada la zafra. No había, pues, una burguesía industrial azucarera, salvo en el caso de los tres ingenios de los Vicini, que para 1916 y aún para 1920 se consideraban italianos y enviaban a Italia una parte importante de sus beneficios, si no la mayor. Todavía en 1937 los 13 ingenios del país usaron, entre empleados y obreros, 23 mil personas, de las cuales 22 mil no eran dominicanas. En ese año había algún que otro establecimiento industrial, pero el número mayor eran talleres artesanales, y lo demuestra el hecho de que los 1 mil 329 negocios censados como industrias tenían en promedio 7 personas trabajando a pesar de que entre ellos se hallaban los ingenios azucareros, cada uno de los cuales tenía en promedio 1 mil 800.

En 1924, al irse del país, los ocupantes norteamericanos dejaron echadas las bases materiales del Estado burgués, pero no había una burguesía que pudiera aprovecharlas. Para integrar una burguesía dominicana faltaban aún la burguesía industrial, la financiera, la técnica, la política y la militar. Esta última es la que forma la raíz y el tronco de un Estado burgués, así como el ejército proletario es el que forma la raíz y el tronco del Estado socialista.

III

En Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado, Engels dice que “como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase… es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con la ayuda de él (el Estado. JB), se convierte también en la clase políticamente dominante”, y explica que con ese dominio político adquiere “nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida”.

Como dijimos en el artículo anterior, al irse del país en julio de 1924, los ocupantes militares norteamericanos dejaron echadas las bases materiales que se necesitaban para que pudiera tener existencia real, no imaginaria, un Estado burgués dominicano. En el año 1924 y los que le siguieron hasta que se presentó, a fines de 1929, la crisis mundial del capitalismo, ese Estado sólo podía ser el instrumento de poder económico y político de los terratenientes y los comerciantes puesto que todavía no había burguesía industrial dominicana, y en ese momento empezó a surgir en el panorama político el hombre que iba a sustituir en el control del Estado a esa inexistente burguesía industrial, y más tarde a la también inexistente burguesía financiera; y pudo surgir porque la ola de la gran crisis lo halla situado en el mando de la fuerza armada del país, y en todas partes la fuerza armada es, como habíamos dicho antes, la que forma la raíz y el tronco de un Estado, sea burgués o sea socialista. Estamos hablando, como debe suponerlo el lector, de Rafael Leónidas Trujillo, a quien iba a tocarle adquirir, con la ayuda del poder del Estado, “nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida” dominicana.

En el caso de Trujillo se reprodujo, aunque siguiendo vías diferentes, el de los hijos de los reyes absolutos, que heredaban la corona y con ella la autoridad sobre el Estado, lo que los convertía en fuerzas políticas tan poderosas que podían, como dijo Engels, actuar con independencia de las clases que mantenían luchas entre sí. Esos hijos de los reyes absolutos actuaban dentro de un contexto histórico dado y Trujillo lo hizo favorecido por circunstancias históricas que se dieron en la República Dominicana debido a que en un momento determinado coincidieron en la República Dominicana las fuerzas generadas por su propio atraso material, con sus consecuencias de atraso social, cultural y político, y las que impulsaban a los Estados Unidos en su impetuosa carrera imperialista. Para que se comprenda lo que acabamos de decir hay que explicar que antes de un año de haber tomado posesión de la República, el poder interventor decidió, mediante Orden Ejecutiva No. 47 del 7 de abril de 1917, crear la Guardia Nacional Dominicana, y esa Guardia iba a ser el huevo en que se empollaría la futura dictadura de Rafael L. Trujillo.